Japón en el Mundial 2026: ¿la selección asiática que puede dar la sorpresa?

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En noviembre de 2022, Japón hizo algo que nadie esperaba — dos veces en el mismo torneo. Primero venció a Alemania. Luego venció a España. Dos campeonas del mundo derrotadas por una selección que la mayoría de analistas europeos trataban como relleno de grupo. Perdieron en octavos contra Croacia en penaltis, pero el mensaje había quedado claro: Japón ya no es un figurante en los Mundiales. Es un rival que las potencias deben tomar en serio, y quien no lo haga pagará el precio.
He revisado mis propios análisis de Qatar 2022 y, siendo honesto, subestimé a Japón. No en términos de calidad individual — sabía que tenían jugadores en la Bundesliga y la Premier League — sino en términos de capacidad colectiva para ejecutar un plan táctico complejo contra rivales superiores. La presión alta coordinada que Japón desplegó contra Alemania y España no fue improvisación: fue el resultado de años de trabajo en un estilo de juego que prioriza la intensidad colectiva sobre el talento individual. Para el Mundial 2026, la pregunta es si esa progresión ha continuado o si Qatar fue el pico de un ciclo.
¿Cómo se clasificó Japón?
La clasificación asiática fue un proceso largo que Japón dominó con la autoridad que su posición como líder del fútbol asiático requiere. La tercera ronda de las eliminatorias de la AFC incluyó rivales como Australia, Arabia Saudí e Irán — selecciones con experiencia mundialista y nivel competitivo suficiente para ofrecer partidos exigentes. Japón superó el grupo con solvencia, demostrando una consistencia que no siempre ha tenido en clasificaciones anteriores.
Lo más significativo de la clasificación fue la integración de una nueva ola de jugadores japoneses en clubes europeos de primer nivel. La diáspora futbolística japonesa en Europa se ha multiplicado en la última década: donde antes había uno o dos jugadores en la Bundesliga, ahora hay una docena repartidos entre Alemania, Inglaterra, España, Italia y Francia. Esa experiencia diaria en el fútbol europeo de élite ha elevado el nivel base de la selección — los jugadores llegan a los partidos internacionales acostumbrados a la intensidad, la velocidad y la presión táctica que exige un Mundial.
Hajime Moriyasu, el seleccionador, ha mantenido la continuidad desde Qatar 2022 — una decisión inteligente que permite construir sobre los cimientos que se pusieron en aquel torneo. Su sistema de presión alta con transiciones rápidas sigue siendo la identidad del equipo, pero con refinamientos tácticos que las eliminatorias permitieron probar: más variantes en la salida de balón, mayor uso de los laterales en ataque, y una gestión del ritmo del partido más sofisticada.
¿Tiene Japón estrellas de nivel mundial?
Japón no tiene un Mbappé ni un Bellingham. Lo que tiene es algo que, para un analista de apuestas, puede ser más valioso en un torneo corto: un grupo de diez o doce jugadores con nivel de titulares en clubes europeos de primera línea, sin jerarquías rígidas ni egos que gestionar. Takefusa Kubo, en la Real Sociedad, es el jugador con más capacidad de desequilibrio individual — rápido, técnico y con una visión de juego que se ha afilado en La Liga. Kaoru Mitoma, en el Brighton, ofrece un desborde por banda izquierda que recuerda al mejor Robben — finta, recorte, disparo.
En el mediocampo, Wataru Endo aporta desde el Liverpool la experiencia de jugar cada semana en la Premier League. Ao Tanaka complementa con energía y llegada desde el centro del campo. La defensa, históricamente el punto débil del fútbol japonés, ha mejorado significativamente con la presencia de jugadores como Ko Itakura y Takehiro Tomiyasu en clubes europeos donde la exigencia defensiva es máxima.
Lo que diferencia a Japón de otras selecciones con jugadores en clubes europeos es la cohesión táctica. Moriyasu ha construido un sistema donde cada jugador conoce su rol con y sin balón, donde las transiciones entre defensa y ataque están automatizadas, y donde la presión alta funciona como un mecanismo colectivo, no como una serie de esfuerzos individuales. Esa cohesión es la razón por la que Japón fue capaz de anular a Alemania y España en Qatar — no fue talento individual, fue organización colectiva ejecutada a una intensidad que los rivales no esperaban.
¿Puede Japón superar a Países Bajos en el grupo?
El Grupo F enfrenta a Japón con Países Bajos, Túnez y un cuarto equipo del playoff UEFA. Para Japón, el objetivo es claro: superar a Países Bajos y terminar primera de grupo, replicando lo que hizo con Alemania y España en Qatar. La diferencia es que esta vez los rivales saben lo que Japón puede hacer — la sorpresa táctica que funcionó en 2022 ya no existe.
Países Bajos es un rival directo cuyo estilo puede ser vulnerable al juego japonés. La defensa neerlandesa, liderada por Van Dijk, no es especialmente rápida en los repliegues — exactamente el tipo de defensa que las transiciones rápidas de Japón pueden explotar. Si Japón consigue presionar alto la salida de balón de Países Bajos y forzar errores en la construcción, las transiciones serán letales: Kubo y Mitoma contra centrales que no tienen su velocidad es un escenario favorable para los asiáticos.
Pero Países Bajos tiene un arma que Alemania y España en 2022 no usaron eficazmente contra Japón: el juego directo. Si Van Dijk opta por balones largos hacia Gakpo en lugar de intentar construir desde atrás, la presión alta de Japón pierde sentido. El enfrentamiento táctico entre la presión japonesa y la adaptabilidad neerlandesa será uno de los duelos más interesantes de la fase de grupos — y uno que puede determinar las cuotas de ambas selecciones para el resto del torneo.
Túnez es un rival que Japón debe superar para asegurar la clasificación, pero los partidos entre selecciones africanas y asiáticas en Mundiales suelen ser más igualados de lo que los rankings sugieren — diferentes estilos, diferentes fortalezas, y una imprevisibilidad que genera mercados de apuestas volátiles.
¿Es Japón la sorpresa más infravalorada?
Las cuotas de Japón para ganar el Mundial se mueven entre 60.00 y 100.00 — las de una selección a la que el mercado no toma en serio como candidata al título. Para ganar el grupo, las cuotas están entre 3.50 y 5.00, lo que implica una probabilidad del 20-28%. Mi lectura es que Japón está infravalorada en ambos mercados, aunque por razones diferentes.
En el mercado de grupo, la probabilidad real de que Japón supere a Países Bajos es, a mi juicio, superior al 25-30%. El estilo táctico de Japón es específicamente peligroso contra selecciones europeas que construyen desde atrás — exactamente lo que hace Países Bajos. Si Japón gana el enfrentamiento directo, las probabilidades de que termine primera de grupo se disparan.
En el mercado de campeón, la cuota de 60.00-100.00 refleja una realidad: Japón no tiene la profundidad de plantilla para ganar siete partidos consecutivos contra rivales que mejoran en cada ronda. Pero para mercados de recorrido — «Japón llega a cuartos» con cuotas de 2.50-3.50 — el valor es más claro. En Qatar, Japón demostró que puede ganar partidos de fase de grupos contra favoritas. Lo que no demostró es que puede ganar partidos eliminatorios contra rivales de primer nivel — perdió en penaltis contra Croacia después de un partido donde mereció ganar.
Para el apostador español, Japón en el Mundial 2026 es la dark horse por excelencia: una selección con un plan táctico definido, jugadores en clubes europeos de élite, y un historial reciente que demuestra que puede competir con cualquiera en un partido aislado. No es una apuesta de campeón, pero sí una apuesta de valor en mercados de grupo y primera eliminatoria. Y si Japón supera a Países Bajos en el grupo — como ya hizo con Alemania y España en Qatar — las cuotas para las siguientes rondas se ajustarán violentamente, creando oportunidades para quienes apostaron temprano. Las cuotas del campeón del Mundial sitúan a Japón en el fondo del mercado, pero en los mercados específicos del Grupo F es donde esta selección puede ofrecer el mayor valor del torneo.
